Sin duda, esta pasada gala de los Goya se antojaba interesante por todo lo relacionado con la ley Sinde, y contra la cual ya se había posicionado Álex de la Iglesia, el hasta entonces presidente de la Academia. No obstante, desde su cuenta de Twitter (@alexdelaiglesia), había anunciado que no haría polémica en la gala.
Cosa que, evidente y afortunadamente, no cumplió. En un discurso de poco más de 6 minutos, sacó los colores a Icíar Bollaín, vicepresidenta de la Academia, y, por supuesto, a Ángeles González-Sinde -y seguramente, también a otros tantos cineastas-. Si algo ha caracterizado a De la Iglesia ha sido el carácter dialogante con todas las partes, incluyendo, por supuesto, a los internautas. Y tanto ha sido así que incluso cambió su postura respecto a la ley.
Porque es un hombre sensato. Podrá ser una mala noticia para el cine, pero internet ha traído una serie de cambios irreversibles a los que la industria cinematográfica -al igual que la discográfica, o la editorial en un futuro- tiene que hacer frente. El modo de responder a una nueva tecnología no es legislar, sino adaptarse.
Algo que no entienden. En un sistema muy turbio de subvenciones -el 85% de la financiación de Pa negre, desconocida película, rotunda ganadora de los Goya 2011, provenía de la Administración-, se empeñan en mantener los precios exageradamente altos, sin ofrecer alternativas de calidad al streaming al que la ley pretende hacer frente y, sin duda el problema más grave, sin ser capaces de producir un cine a la altura de lo que los espectadores esperan.
Afortunadamente, en internet siempre hay vías de escape. La sociedad de hoy ve más películas y series, escucha más música y lee más libros que nunca. Ellos sabrán que les conviene: ofrecer un servicio diferenciado o seguir intentando ponerle puertas al mar. De la Iglesia ya se ha dado cuenta. Las reglas han cambiado.